Seguimos dando caña desde Azpilagaña

lunes 12 de marzo de 2007

Raúl à Paris



Bonjour, mis petits amics!! Acabo de volver de Paris, Oh lala, la ciudad del amor, donde se hacen realidad todos los deseos, bla, bla, bla... y donde un café te cuesta más de cuatro euros, las cervezas no bajan de tres y el pan se considera una delicattessen. Viajamos el viernes desde Hendaia en un tren que salía a las 10.25 de la mañana y aguantamos las 5 horas y media del viaje del tirón hasta Paris. Hicimos un gran hamaiketako (almuerzo de la hostia, en cristiano) en el que no faltó de nada. Nos pusimos tibios a comer embutidos y a beber vino y cerveza en el tren.

Luego, llegamos a Paris y fuimos al hotel en el que estaríamos las siguientes dos noches, que estaba cerca de la parada de metro de Chateau de Vincennes, que es como un parque gigante que está en las afueras de Paris y que era también el sitio en el que saldría y llegaría la carrera. Al salir del metro había un cartel en el que indicaba dónde recoger el dorsal y fuimos cargados hasta arriba a recogerlos, yo creo que ahí ya hicimos unos tres kilómetros, qué coñazo!

Esa misma noche fue igual lo mejor de todo el viaje. Dejamos los bultos en el hotel y nos desplazamos hacia el centro de Paris, a donde estaba el ayuntamiento u hôtel de ville. Empezamos a echar cañas en cuanto bajamos del metro y cenamos en un sitio un medio plato combinado. Yo pedí magret de patoo. Luego buscamos algún garito que no fuera muy pijo para seguir bebiendo cervezas (que era lo único que se podía pedir sin luego tener que pedir dinero en la calle) y entramos a l`art brut, un bar regentado por un serbio (que luego tomo el apodo de francotirador) y probamos un licor bastante raro cuyo nombre era algo así como msavoliskaya o algo parecido. La noche siguió ofreciendo sorpresas, como el momento en que un senegalés con un bongo o un instrumento parecido cogió por banda a una de las dos chicas que iban en la expedición y se puso a enseñarle cómo tocarlo (el bongo, qué os pensáis, guarros). Se metieron en un bar y allí descubrimos a Patrick, el mayor borracho de Francia, un figura, ya veréis las fotos. La noche siguió y siguió, hasta que chaparon casi todos los bares y dejó de haber metro, con lo cual hubo que llamar a un taxi. ¡Y qué taxista! Un marroquí medio loco que se ponía a enseñarnos sus vídeos raros del móvil mientras conducía. Que si un tio dando por culo a una vaca, una pareja follando... ese tipo de vídeos. Qué elemento, el tío.

Al día siguiente tocó paliza de andar y de visitar sitios. Por la mañana estuvimos visitando la zona más cara de todo Paris, por donde la Ópera, y los Campos elíseos y por la tarde fuimos a patear el barrio de Montmartre, la bohemia por excelencia de París. Comimos en un chinazo antes de ver la torre Eiffel por fuera (pasábamos de esperar las interminables colas para subir) y después nos unimos a una manifestación por la libertad del Tibet. Ya veis, qué raros somos. Pasábamos por ahí...

En Montmartre visitamos una basílica del sagrado corazón o algo parecido y una plaza donde estaban lo menos la mitad de todos los pintores callejeros de Paris. Allí me compré unas láminas muy chulas de recuerdo y nos sacamos una foto con el malo de la peli Titanic, que estaba de visita por París. Luego, la mitad de la expedición se marchó al hotel porque ya estábamos cansadísimos y la otra mitad nos quedamos para visitar otra zona más.

Pasamos cerca del barrio latino y visitamos por fuera también el Moulin Rouge, que estaba chulísimo de noche y seguimos tomando cervezas mientras buscábamos algún sitio para cenar. Como la cosa no estaba clara, me busqué la vida comprándome por ahí un kebab (o sandwich griego, que le llamaban allí), mientras que otros acabaron comprándose un mini bocadillo en un Starbucks café. A las 10 de la noche ya estaba muerto de andar y decidí irme para el hotel.

Al día siguiente, la carrera. Después de la pateada del día anterior, pensaba que estaría más cansado, pero me salió una muy buena course, acabando entre los 4.000 primeros participantes Bueno, el resto ya os lo contaré, que esto me está quedando un poco largo. Abrazos a ellos, besos a ellas.

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jueves 8 de marzo de 2007

De París y otras historias

Hola, chicos, he vuelto a entrar en el blog después de mucho tiempo y espero que esta vuelta sea larga y prolongada. Creo que escribir cualquier cosa, por tonta que sea, me puede ayudar a quitarme de la cabeza un montón de paranoias que tengo por tener tanto tiempo libre estando solo y no compartirlo con nadie. Yo creo que estar ocioso es lo peor que te puede pasar: cualquier problema tonto, decepción o frustración se convierte en un problema mucho mayor por tener tiempo en exceso para darle vueltas a la cabeza.
Espero que mi viaje a París mañana me ayude a despistarme y a olvidar algún palo que he sufrido últimamente. Algunos ya sabéis por qué, pero a los demás os lo cuento:
Hace tan solo un mes conocí a una chica muy maja en una discoteca con la que no me lié en ese mismo momento (cosa estraña en mí, la verdad) y ella y yo fuimos quedando en los pocos días que tenía yo libres y volvía a Pamplona después de currar en Donosti. En la primera cita hubo mucho feeling, yendo a una tetería de la parte vieja que me gusta mucho, en la segunda, fuimos al cine y creció esa tensión sexual y ya, en el fin de semana siguiente, ella y sus amigos fueron a donosti el sábado a la noche a una conocida zona de juerga. Allí quedé con ellos y tanto sus amigas como ella me lo pusieron muy bien para que me liara con ella. Yo me ilusioné, pensaba que esta vez sí que podía pasar algo, conocerla más y tener una relación, pero el tiempo me demostró que no, que me había vuelto a equivocar.
Este mismo lunes, más o menos al mes de haber conocido a Arantza, me dijo que se quería volver a ir al extranjero por una temporada (ya había estado hacía poco tiempo en Gales) y que no quería quedarse pillada por nadie. No sé si será verdad o no lo que dijo, pero no podía hacer nada por evitarlo, no podía remar contracorriente. Así que otra vez estoy en las mismas, con unas ganas increíbles de conocer a una persona y darle lo mejor, pero igual de solo y con la sensación de sentirme enjaulado por mi trabajo, sus horarios y por no poder desvincularme de la ciudad en donde he vivido casi toda mi vida, excepto los últimos dos años.

Así que tengo ganas de pillar mañana el TAV en Hendaia y viajar a París con 9 compañeros de curro más. La excusa es realmente de locos: correr la media marathón de la capital francesa. Fue una idea que se le ocurrió a uno del curro que suele salir mucho a correr y nos fuimos apuntando varios, aun sin saber si llegaríamos al final a meta. Pero yo creo que cualquier excusa es buena para viajar y conocer una ciudad nueva. No he estado nunca en París y tengo muchas ganas de ir.
Bueno, si alguien entra al blog se enterará de que he vuelto a publicar y si no, esta entrada quedará en el olvido de la red de redes.
Que os vaya bien, aupa!

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