Seguimos dando caña desde Azpilagaña

jueves 25 de agosto de 2005

Sequía cerebral

Estoy por matar este blog, pero sé que Él es superior a mí, que no me lo permitiría, que siempre me dejaría atado a sus obligaciones como si de un grillete con una cadena se tratara. Ya intenté matarlo en otra ocasión y no lo conseguí: Volví a escribir y a daros la chapa sobre cosas que no os interesaban un pijo pero, a pesar de todo, me seguisteis leyendo y me otorgasteis un voto de confianza. Aún tengo en mente mi gran aunque costoso proyecto; el de crear una novela: una historia con un principio y un final que pudiera enganchar a algún hipotético lector. Mientras tanto, seguiréis sintiéndoos como si comiérais pienso mientras leeis este diario, difunto ya desde hace un tiempo. Podría hablaros de Alicante o de la última excursión que hice con mi familia al castillo de Loarre y al monasterio de San Juan de la Peña en Huesca, pero no me apetece y no creo que aportara nada nuevo. El 80% de las juergas son idénticas y sólo cambia la variable lugar y el 80% de las excursiones son clavadas y no se altera mucho más que el sitio en el que se sitúan.
P.D: Cuando tenga algo interesante que contar lo soltaré, al igual que una lagartija se desprende de su cola cuando se halla en peligro, o al igual que un perro deja la pelota a los pies de su amo cuando éste se lo pide. Hasta entonces, Paperboy se mantendrá con el pico cerrado.

lunes 8 de agosto de 2005

Elegir

¿Qué es mejor? Tener en un supermercado 20 clases diferentes de un mismo producto o tener sólo dos: la marca acme y la marca conocida. De primeras todo el mundo diría que 20 clases, ya que así tendría la opción de ejercer su libertad y el deseo de elegir. Pero en el fondo es mejor tener sólo un par de productos. ¿Por qué? Porque evita perder tiempo tomando decisiones y porque existen menos posibilidades de arrepentimiento por no haber satisfecho los deseos previos. Para todo hay hoy en día miles de opciones. Vas a comprarte un pantalón vaquero y tienes los desgastados, los 'campagnolo', los que tienen forma de pitillo, los pantalones cagados, etc. Antes unos vaqueros eran unos vaqueros: sólo había uno o como mucho dos tipos de pantalón vaquero. Todo era más fácil. En telefonía móvil pasa lo mismo: que si combinas el plan "aburrido el finde en casa" con el plan "dales la brasa a tus amigos hasta se cansen de ti" te salen las llamadas un 50% más baratas y no pagas en todo el fin de semana. Y si coges el plan ocio con la oferta "elige a tu víctima preferida", te ahorras el 45% en llamadas desde las 4 de la tarde.
En bancos lo mismo: te tienes que pegar semanas negociando las condiciones de la hipoteca de tu coche o de tu piso, añadiendo a la amplia oferta la de los nuevos timadores telefónicos como Mediatis, Credial, Ing Direct, Cuenta ahora, hipoteca gratis, etece, etece, etece.
Hay veces que prefiero no elegir o, al menos, rechazar ofertas. Una vez fui a comprar un libro que tenía una oferta de 2x1. Comprando dos sólo pagabas uno. Pues bien, sólo cogí uno. Miré los argumentos de los demás y no me interesaban una mierda. Sabía que no los leería. Cuando llegué a la caja, la cajera me preguntó si conocía la maravillosa oferta de los libros y yo le dije que sí, pero que no quería coger otro libro, que sólo quería uno. Lo flipó un poco.
Lo malo de elegir es arrepentirte por la opción que no has elegido. Siempre buscamos maximizar nuestras decisiones; que lo elegido sea lo mejor y que me procure la máxima satisfacción. Yo creo que la clave está en elegir algo y no volver la vista atrás aunque te salga mal, ya rectificarás en el futuro si es caso.

-----Bueno, coleguillas, a partir del jueves me iré una semana a Alicante, con lo cual no escribiré en un tiempo (a no ser que me meta en un Cyber). A la vuelta, seguro que volvemos con novedades e historias interesantes que contar.

domingo 7 de agosto de 2005

"Tienes el día resuelto"

Lo cínico que puede ser a veces el Periodismo. Esta mañana, poco después de llegar a la redacción, veo que el jefe de teletipos, de la sección España-mundo, se sonríe y grita a los cuatro vientos: "Ya tenemos resuelto el día de hoy: ha habido un accidente mortal en la autopista A-15 entre las localidades de Valtierra y Tudela". Seguidamente ha llegado uno de los redactores jefe del periódico y el aludido anteriormente le ha comunicado la noticia sonriéndose un poquillo. Vale que se haya solucionado la agenda informativa del día, pero al menos un poco de respeto para las víctimas y un poco menos de malicia y de indiferencia.
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En fin, poco más tengo que contar. Salí el viernes hasta las 5 y ayer hasta las 2 y no bebí mucho ya que estaba tomando antibióticos. Mañana vuelvo a tener vacaciones hasta el 23 de agosto (¡¡¡ole!!!) y me iré una semanita a Alicante de gorroneo al apartamento de un amigo. Estoy esperando como agua de mayo una operación para extirparme un alien también llamado fístula o quiste pilonidal, que me está haciendo la vida un poco más jodida día a día.

jueves 4 de agosto de 2005

Se huelen cambios

Perdona, Iced por copiarte el tema de uno de tus últimos posts, el de la proximidad de cambios, pero es posible que si ando un poco espabilado y soy ágil en mis movimientos, pueda cambiar pronto de trabajo. El tema es que ahora estoy cubriendo la excedencia de un año de una trabajadora de mi sección y ésta finaliza el 30 de noviembre. Como ya me huelo que me voy a quedar en la calle, voy a intentar meter la cabeza, y un brazo si me dejan, en un nuevo proyecto de la empresa editorial para la que que trabajo. Zeroa Multimedia va a abrir un nuevo periódico en San Sebastián, después de que hiciera lo propio en Vitoria con un moderado éxito. Mañana le pegaré un toque al director del periódico para comentarle el tema. A ver cómo me va. En estos casos, siempre me entero de los asuntos cuando está todo el pescado vendido. A ver si esta vez me adelanto a los acontecimientos.

martes 2 de agosto de 2005

Madrid (II)

Salimos todos los que quedábamos de la discoteca Morocco, ya que Enrique y Chechu ya se habían ido a sus respectivas casas e Ivonne y yo nos marchamos hacia un lado y Almudena, Jorge, Sergio y Leticia por otro lado. Fue jodidísimo pillar un taxi en aquellas horas, hacia las 7 de la mañana, tanto fue así que tuvimos que optar por el metro para llegar a donde vivían Leticia. No me acuerdo de qué línea cogimos, pero sólo sé que cuando teníamos que bajar en una parada concreta, no pudimos hacerlo, ya que las puertas por lo que fuera no se abrieron y tuvimos que ir hasta la siguiente parada para dar la vuelta y llegar por fin a nuestra parada.
Sergio y los demás debieron ir, ya que eso lo supe luego, al Warhols, una especie de after-hours en el que estuvieron hasta las 9 de la mañana, que fue cuando Leticia y Almudena llegaron solas a su piso. Para esa hora Ivonne y yo ya estábamos tranquilitos en el salón de casa de Leticia (el lugar que nos habían asignado para dormir), sobando sobre un colchón y tapaditos con una sábana. Lo que hicimos antes bien os lo podéis imaginar, ya que no voy a dar aquí detalles.
Hacia las 3 de la tarde tuve a bien salir de casa de Leticia y despedirme de Ivonne para ir a casa de Sergio, ya que la noche anterior no había salido con móvil y temía quedarme tirado si se les ocurría a Jorge y Sergio comer fuera de casa. Por suerte, no fue así. Llegué a casa de Sergio y estaban los dos tiradísimos, super-resacosos y medio dormidos. Jorge, de hecho, se tuvo que levantar del sillón en donde estaba sobando para abrirme la puerta. Cuando más o menos empezábamos a ser personas, preparamos la comida: una ensalada mixta y unos fritos de pollo congelados con sus respectivas salsas. Toda aquella tarde estuvimos tirados en los sofás, recordando la noche anterior y jugando a la Play.
A la noche, Jorge y yo bajamos a comprar unos kebaps en el turco de la calle de Sergio y éste último se quedó en casa y cenó luego un sandwich. La noche del sábado los invitados de la segunda fiesta por el cumpleaños de Sergio llegaron super tarde, algo así como a la 1 de la mañana o por ahí. Al principio llegó Virginia, una chica encantadora, que hizo enfermería en Pamplona y trabajaba en dos turnos seguidos en un hospital de Madrid. Llegó a las 11.30 o por ahí y llevaba de 8 a 10 de la noche de ese mismo día trabajado. Una pasada. Luego llegaron todos los demás, algunos de la universidad que no veía desde que acabamos nuestros estudios en Periodismo. Estaban por allí Marina, Peio Moriones, Ainhoa Larrea... Y también algunos amigos de Marina y Maitane, la novia de Jorge. Salimos tarde y sin haber bebido mucho, porque estábamos machacados del día anterior y fuimos a un bar llamado Chayenne, para luego dirigirnos a los bares de Torre España, bares que yo no conocía de nada. Estábamos de vuelta en casa hacia las 5 de la madrugada o así.
Al día siguiente, nos levantamos más o menos pronto -12 de la mañana- y buscamos un sitio para zampar un plato combinado o un menú. Comimos por 10 mauros y luego dimos un paseo. Nos aburrimos de andar y nos metimos en un ciber para jugar al Counter Strike. Hacia las 6.30 se fue Jorge y luego yo hice tiempo en casa de Sergio hasta la hora en que cogía el bus, las 9.30.
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lunes 1 de agosto de 2005

Madrid (I)

Pues sí, estáis todos en lo cierto. Lo que puse en el post anterior no es sabiduría Zen, sino de mi tío Martín, que ni sabe (al igual que yo) qué narices es el zen. Es un tío que lleva currando toda la puta vida y me lo dijo cuando estábamos en Zaldaiz, un señorío cercano a Urroz. Estábamos en el campo, rodeados de naturaleza y comiendo un bocado de chorizo entre pan y pan. Lo dicho: sabiduría pura. Lo mejor es no hacer nada y después de ese esfuerzo agotador, descansar.
Lo que sí fue auténtica sabiduría fue mi fugaz viaje de fin de semana a Madrid, con un gran motivo: celebrar el XXVI cumpleaños de mi amigo de la época universitaria Sergio. De Sergio no he contado mucho aquí, a lo sumo igual lo he citado en las crónicas sanfermineras, así como tampoco quiero explayarme ahora mucho. Sólo diré de él que tiene una personalidad muy compleja y hay que conocerlo muy bien para no pensar cosas equivocadas de él. Sergio es un provocador nato y le gusta tocar un poco las narices a la gente. Le encanta ver las respuestas de la gente cuando se sienten interpelados o incluso insultados. Y no le interesa nada la gente que no le puede dar una respuesta inteligente o que no entiende su especial humor. El mayor defecto de Sergio es, tal vez, que sea del Logroñés, ese club que tan bien cae por aquí (jeje).
El caso es que marché a las 15.30 el viernes de aquí de Pamplona en autobús, ya que no me apetecía nada, pero nada nada coger el coche; y además, así podía leer El Perfume, un libro que pude acabar entre la ida y la vuelta y que me impresionó gratamente. Un gran libro.
Llegué a las 9 de la noche a la capital del reino y tras unas llamadas de móvil para saber paradas de metro y posteriormente la casa de Sergio, llegué a mi destino y me encontré con que también había ido Txetxu de Autol, otro amigo de la universidad que hacía tiempo que no veía. Cenamos una ración de patatas bravas y otrapulpo en una jamonería, cerca de casa de Sergio, en la parada de metro de Cuatro Caminos. Allí, mientras cenábamos, nos enteramos de lo qué habían hecho los demás en todo este tiempo desde que dejamos la universidad y nos echamos unas risas. Después, subimos al piso a preparar las cosas para la gran noche del viernes, una de las mejores noches que he podido disfrutar últimamente.
Ya en el piso, empezó a llegar más gente. Primero unos de Pamplona que yo no conocía, o como mucho de vista, y con los que posteriormente me lo pasé muy bien, Jorge y Tato. Llegaron en coche, un poco cansados y se compraron dos kebap en el paki de Doctor Santero, o sea, la calle de Sergio. Luego llegó un compañero de trabajo de Sergio con su primo y otro amigo, atraídos por la promesa del anfitrión de encontrar churris en la fiesta. Llegaron demasiado pronto. Lástima. Las chicas llegarían después para animar la fiesta. Por cierto, el primo del compañero de curro de Sergio era, para que os hagáis una idea, el típico guaperillas pillador un poco ya veterano, director de márketing de la empresa en la que trabajaba y propietario de un mercedes descapotable. Un tío así nos habría comprometido seriamente el triunfo que logré posteriormente en aquella noche.
Luego llegó la mejor visita, un trío de chicas canarias, una de ellas compañera de trabajo de Sergio y las otras dos sus amadas primas. Cuando llegaron no pudimos evitar sonreírnos entre nosotros, a la vista de la agradable compañía que íbamos a tener aquella noche. La que conocía a Sergio se llamaba Leticia, la más guapa, Almudena, y la otra chica, Ivonne. A primera vista parecían simpáticas; más adelante lo pudimos corroborar mientras bebíamos sangría y escuchábamos los discos de Bunbury y de Pereza. A todo esto, me olvidaba de otro que salió con nosotros esa noche, Enrique, un compañero fortachón del curro de Sergio.
Hacia las dos de la mañana o por ahí, no me hagáis recordar detalles concretos, decidimos que ya estábamos suficientemente ebrios y fuimos hacia la zona de marcha. Fuimos por calles que no conocía y de las que no sé el nombre y llegamos a un bar llamado Penta, en el que bailamos, nos echamos unas risas y aguantamos un rato largo. Posteriormente, dieron las 4 o por ahí y llegó el momento de ir a una discoteca. La Morocco fue nuestra opción. En esa sala de baile pasaron cosas, cosas muy bonitas, momentos de pasión. Mis bailecitos, miraditas y pases de baile mal dados con Ivonne, se intensificaron y al final, txas!!, saltó la chispa y nos enrollamos. No os he contado que esta chica vivía en Canterbury, Inglaterra (Sergio, no repitas otra vez lo de los cuentos de Canterbury), tenía 21 años y estudiaba Ciencias Políticas. Su madre era canaria y su padre, Thailandés, y se conocieron en Inglaterra. El caso es que pasaba todos los veranos en Canarias y ahora, con el trabajo de su prima, una semana en Madrid.
Continuará....